¿Por qué amas tanto a Queen? Lo sé, es imposible racionalizarlo, pero inténtalo.

Naturalmente, Queen representa muchas cosas para mí. No temo admitir que no fue un fanatismo instantáneo (¿alguno lo es?), pero siempre estuvieron ahí, me resultaban familiares. En mis paseos con mi vieja por las galerías del mercado de Magdalena, en los casetes que grababa mi viejo de la radio y de sus 45’s, en el colegio con los amigos, siempre había oportunidad para escucharlos y comenzar a identificarlos.

Mentiría si dijera que recuerdo el momento exacto en que los escuché por primera vez, pero sí hay algo que nunca voy a olvidar y es el preciso instante en que me impactaron de tal manera que nunca más los pude soltar:

Cuando una noche de tantas en mis primeros días de secundaria el sueño era algo difícil de conciliar, mi viejo me prestó su pequeña radio casetera, y apuradamente trató de sintonizar una radio “rock”. A la mala, logró enganchar Doble 9. Se despidió (diré que con un beso, no me importa si no fue así), apagó la luz de mi cuarto y cerró la puerta. Acerqué ese pequeño aparato negro a la cabeza… y sucedió. De pronto, “Bohemian Rhapsody”, precisamente esa, comienza a infiltrarse en mis oídos. Era extraño sentir que una canción posea todos los sentimientos que un muchacho confundido abarcaba en sí en esos años. Ahí estaban la tristeza, la furia, la mofa, el clímax, la sensación de liberación.

En adelante, las amistades, la familia, y una oportuna ubicación geográfica hicieron que mi acceso a la música de Freddie Mercury y compañía sea fluida. En épocas en que el grunge vino, vio y venció pírricamente, yo seguía, estoico y extasiado, adentrándome en el imperio de esta Reina de matices variopintos y sorpresas indescriptibles. Con grabaciones de tías políticas que supieron ganarse mi aprecio grabando algunas cintas, con viajes casi de exploración científica a Galerías Brasil, con propinas ahorradas con un sufrimiento que rozaba la hambruna.

Si hay algo que me duele de esa iniciación es haber gozado conscientemente de mi exacerbación a su música poco tiempo antes de que Mercury dejara este mundo. Recuerdo cuando niño le pregunté a mi vieja quién era ese tipo tan bacán que cantaba las canciones de los Beatles. “Se llama John Lennon, pero ya está muerto. Lo mataron“, y su respuesta casi me mata. No lo entendí. Pues, ahora había encontrado la mejor canción que había escuchado en mi vida, la escuchaba día y noche, noche y día, y su autor ya no me iba a poder escribir otra canción más. Sí, porque Freddie me escribía las canciones a mí. Se las cantaba a mi corazón. Y yo nunca se las pensaba devolver.

Es injusto decir que Queen solo era Freddie Mercury. Pero es muy probable que admitas que si te gusta la banda, sea indiscutiblemente por él. Y yo podría concluir lo mismo. Es su proximidad, a pesar de lucir y actuar como un personaje larger than life, la que te cautiva y te atrae cual sirena homérica. Una vez devorado por su carisma, no te queda más que admitir que, más allá de su inimitable don, es el hecho de disfrutar de cada minuto de su virtuosismo, de querer entregarte lo mejor que has visto y oído en tu vida, lo que lo convierte en un performer inimitable.

De cierto modo, y quizás sin desearlo, Freddie Mercury era la cabeza visible del triunfo estratosférico de algunas minorías. Él, hijo de hindúes en Inglaterra, homosexual carismático, y sobre todo, un extraordinario cantante que quiso llevar el bel canto a las hordas rudas del rock ‘n’ roll. No era el rudo macho man coleccionaba groupies y por el cual tu chica te dejaría. Era un eximio pianista con una sensibilidad melódica a años luz de mi comprensión, cosa que casi nunca se menciona, inexplicablemente.

Soy fanático de un grupo que los que se toman en serio el rock jamás se les ocurriría tomar en serio. Es esa característica tan desdeñada la que siempre me cautivó de ellos, y de Freddie. Sabía burlarse de sí mismo, con sus puestas en escena, con sus disfraces, con sus canciones, con sus videos, con su música. Con hacerte creer que habías visto y escuchado a lo más grande que nunca jamás se te había parado al frente. Y aún, cuando mi experiencia no ha pasado del soporte físico de cada época al plano vivencial, puedo decir que no podré alcanzar en esta vida el frenesí emocional que me produciría presenciar un directo suyo.

He tenido varias épocas en donde por días o semanas solo he escuchado sus discos. Puedo cantar cada letra de cualquier canción en cualquier momento, solo porque sí. Puedo poner cualquier video, de Queen o su menospreciada carrera solista en mi jato o en la chamba. Lo he imitado en frente de amigos, lo he cantado en karaokes, he aburrido a mi hermano con su música al punto que casi lo detesta. Lo he llorado, le he agradecido, le he hablado despierto y en sueños. Y siento que no es suficiente. Es impresionante que alguien que nació en una remota isla del África te provoque eso… 20 años después de fallecer.

I still love you, Freddie <3

This is my truth, tell me yours…

2 Comments on “¿Por qué amas tanto a Queen? Lo sé, es imposible racionalizarlo, pero inténtalo.

  1. Pues yo no amo para nada a Queen tal vez xq la música y el arte en general me la tomo demasiado en serio.

  2. Pingback: Roger Taylor – “Sunny Day” | Manzarock

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