Out Hud: Indietrónica hablando en lenguas

Out Hud

A mediados de los primeros 00’s, iba quedando claro que era en los blogs -ya no en las radios- donde la música de ese hoy, la de ese momento, estaba viva. En cierta forma, ese presente nos inspiraba a atrevernos, adentrándonos en géneros que no se dejaban ver ni oír en medios oficiales, y que a su manera nos hacían escuchar cómo sonaba el Futuro. O lo que pensábamos que lo sería. Un futuro que, tal como quedó sentado, también quiso voltear la mirada y rescatar movimientos que nos fueron algo ajenos o muy de su época -y que regresaban vigorizados (y que sorpresivamente tuvieron más que una buena aceptación).

Por esos años, Nueva York era el lugar donde estar: un crisol de creatividad e iniciativas que iba soltando grupos como hojas que van cayendo durante el otoño, recibidos con los brazos abiertos por las bitácoras virtuales. Aún cuando para este redactor (y alguna vez asiduo bloguero) no todo sonaba tan entusiastamente como otros querían hacerlo pasar, en algunos actos el atractivo no fue difícil de encontrar. Bajo este escenario, Out Hud llamó la atención con un par de discos -los únicos largos de su carrera- que supieron encontrar eco en las redacciones independientes online.

Street Dad

S.T.R.E.E.T. D.A.D.
(Kranky, 2002)

Al amparo de la interesante escudería Kranky, Out Hud se nos presenta como una aventura sónica de paraderos inesperados y caminos extensos, pero entretenidos en su mayoría. El despegue de este viaje se inicia con S.T.R.E.E.T. D.A.D. y sus 6 canciones que buscan nutrirse de la mejor cosecha que se le pueda sacar a los discos de Gang Of Four -y, cómo no, pasarlos por el colador de lo bailable marca Adrian Sherwood. Esa sexy mezcla de dub con IDM (que Sherwood llevara a cotas elevadas en su sello On-U Sound) es el pantone elegido por el quinteto de Brooklyn para darle color a su disco debut.

S.T.R.E.E.T. D.A.D. es completamente instrumental. Fue pensado para la pista de baile de principio a fin. Dicho esto, confieso que el debut de OH no hizo click en mí de inmediato, quizás por su aproximación a lo que comúnmente conocemos como “música para bailar”. Hay una elaboración detrás, de raigambre electrónica, que reclama ser escuchada y apreciada, y que a consecuencia de eso invoca el movimiento de tu cuerpo y su abandono a la danza. No se llega ahí de manera deliberada, sino muy consciente de esta confección de tintes revisionistas, sí, pero de todas formas atractiva.

El grupo integrado por Tyler Pope (guitarra), Nic Offer (bajo), Justin Van Der Volgen (efectos de sonido), Molly Schnick (cello) y Phyllis Forbes (batería); insufla el sonido de su propuesta de un aire bastante púber, reforzado por los nombres de las canciones, el único atisbo de letras que encontrarás en la placa. Títulos como “This Bum’s Paid” y “Hair Dude, You’re Stepping On My Mystique” reflejan ese afán lúdico que se desprende de éstos. Yéndonos al plano musical, quizás donde cojea S.T.R.E.E.T. D.A.D. es en la frialdad y en el sonido casi aséptico de sus grabaciones. Si bien es cierto fluyen con mucha naturalidad desde el primer minuto con “Story Of The Whole Thing”, en donde sorprende la amalgama de guitarras con cello sobre bases electrónicas, es perceptible que sus frígidos drones y su pulso metálico serán la constante a lo largo de la placa.

Otros títulos descolocadores como “The L Train Is A Swell Train And I Don’t Want To Hear You Indies Complain” y, sobre todo, “Dad, There’s A Little Phrase Called Too Much Information”; amén de suponer sus temas más celebrados (y extensos, ambos tracks suman 20 minutos), muestran algunos elementos a destacar, como esa guitarra que quiere ser The Edge haciendo electrónica luego de embriagarse en un tono reggae. Los ritmos de S.T.R.E.E.T. D.A.D. invitan al baile, sin duda, pero es esa frialdad la que no hace que el disco sea el bombazo dance que prometía.

No volvamos a hablar de esto

Let Us Never Speak Of It Again
(Kranky, 2005)

Tres años después, el grupo decide llevar sus síncopas techno al siguiente nivel. A juicio de los entendidos, algo perdió el grupo en este tiempo y ya nada fue lo mismo. Para otros, es claro el desmarque -y, sobre todo, saludable. Let Us Never Speak Of It Again, el título del segundo LP, indica un cambio, un pasar la página. Para estos oídos, la historia cambia un poco: ahora la década de referencia baja un escalón, anclando en los 70s, pero siempre tomando prestado de lo más significativo de otras décadas, como el hip hop noventero; y cómo no, también aportando lo propio como banda dentro de los marcos de su estética. Su concepto de funk sigue siendo sintético (para algunos “futurista”), y abordan con mayor desparpajo ritmos de música disco que son bienvenidos.

El cambio también se percibe en la composición, pues ahora se arriesgan a agregarle letras a algunos temas de la decena que conforman el disco. Luego de un intro minúsculo (el de “This Just In”), el puntapié de inicio al meneo lo desata la grandiosa “It’s For You”, con la voz de Molly Schnick sorprendiendo por su sensualidad. Cuando no hay letras que cantar, los números instrumentales también están a la altura, apelando a todo lo que pueda ayudarles a reforzar su paleta sonora (cellos, teléfonos, arpas, teclados de juguete, palmas, lo que se te ocurra). Buen ejemplo de esto sabe ser “The Song So Good They Named It Thrice”, un sobresaliente ejercicio de electrónica hipnótica.

“How Long” (usada luego para una película con Lindsay Lohan -¿?-) nos devuelve a los temas cantados por Schnick, en donde el acervo funky es marcado y el beat demanda mover algo más que los pies. “2005 A Face Odyssey” es un número impredecible, que parece desvanecerse en el éter antes que se convierta en un verdadero pandemonio dance. Lo que se escucha a continuación en “The Zillionth Watt” solo califica como locura, al hacer un preludio de sesenta segundos a base de arpa para darle paso a “Dear Mr. Bush, There Are Over 100 Words For Shit And Only 1 For Music. Fuck You, Out Hud” -¡¡¡11 minutos!!! de techno hiperkinético que va de progresión en progresión hasta hacerte desfallecer por el esfuerzo brindado. Inmejorable cierre, no sólo para el disco, sino para el grupo, que se separaría tiempo después, para dedicarle tiempo completo a su faceta como los sensacionales !!! (pronúnciese “Chk Chk Chk”).

La virtud de la discografía de Out Hud es haber sabido retratar un momento peculiar de los muchos que atravesó la indietrónica del nuevo siglo y su recorrido en la vida nocturna de aquella generación. En lo particular, prefiero lo que Pope, Offer, y Van Der Volgen fueron capaces de lograr con !!!, un grupo que mereció hasta mejor suerte que LCD Soundsystem. De todas formas, estas 2 placas capturan esa efervescencia de inicios del siglo, en medio de la que música y ejecutores se nutrían de todo lo que escuchaban y lo volcaban en composiciones pensadas para mostrar cómo era crecer en un mundo que completaba su total digitalización. Como dirían algunos casi treintañeros, glup, those were the days…

(Publicado originalmente en El Hexágono Carmesí).

“It’s for you”

One Comment on “Out Hud: Indietrónica hablando en lenguas

  1. Pingback: !!! (Chk Chk Chk) – “Dancing Is The Best Revenge” – Manzarock

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