Slowdive volvió; Slowdive nunca se fue

Aun si el quinteto británico hubiese solamente decidido regresar a los escenarios para tocar algunos shows en condición de “banda que alguna vez…“, como suele pasar con toda esta nostalgia festivalera de poner como headliner a grupos que vienen siendo reivindicados para sacarle el rédito que no pudieron antaño, su retorno hubiese sido una de las mejores noticias de los últimos tiempos, con total justicia. Pero con la inteligencia y el talento de quienes llevan arte además de sangre en las venas, Neil Halstead, Rachel Goswell y compañía, optaron por brindar algo más que un puñado de temas ya recorridos, y se embarcaron en la siempre riesgosa aventura de grabar nuevo material, el mismo que hoy se edita en todo el planeta, tras escucharlo, no podemos dar otro veredicto: Slowdive ha sacado el mejor álbum del 2017.

Desde ese arranque portentoso con “Slomo” (¿acaso una caprichosa abreviatura de “slow motion”, chicos?) siguiendo con “Star Roving”, aquel primer track que nos dejaron escuchar luego de juntarse, y que por fin nos hizo vibrar (y aquí sí el verbo es el indicado) con nueva música de la banda, Slowdive, álbum autotiulado -el cuarto de su extensa trayectoria- suena a una banda que no parece haber dejado de hacer música juntos hace más de 20 años. No se les pudo haber ocurrido mejor título para este disco, pues es eso, precisamente: un disco que refleja un sentir, una manera de hacer canciones, de despertar emociones, de conducir texturas sonoras que se depositan en ti para convertirse en algo más, algo inasible e inexplicable, pero envolvente y apabullante. Slowdive es un triunfo. Y podremos saborear esa victoria muy pronto en Lima. Es un festín al que no vamos a faltar.

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